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NO ADJETIVES: DESCRIBE

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NO ADJETIVES: DESCRIBE

El adjetivo laudatorio, lejos de favorecer, desvaloriza generalmente las mercancías a las que se aplica y por eso nadie que sepa por dónde anda le llama a Cervantes ilustre, eximio, genial ni egregio, sino, sencillamente, Cervantes. Lo de ilustre o eximio, así como lo de egregio o genial, nos vendría muy bien a usted o a mí, querido colega, pero a Cervantes no, porque lo colocaría a nuestro nivel. Cervantes no es buena seda, ni hermosa seda, ni seda de la mejor calidad, sino simplemente seda, y ningún adjetivo lograría aumentar en lo más mínimo su gloria. // Julio Camba El adjetivo.

A veces me sucede. Empiezo bien un texto, lo encarrilo adecuadamente y, al ir escribiendo, se va deslizando hacia la nadería más triste. Y la culpa es casi siempre del abuso de los adjetivos.

Los adjetivos modifican al sustantivo y denotan cualidades, propiedades y relaciones. En principio, nos permiten ser mucho más precisos. En la realidad acaban siendo una trampa para redactores perezosos.


Al contrario que el adjetivo, la descripción pone a trabajar a nuestro favor la imaginación del destinatario.”

Llevada al extremo, esta pereza degenera en sobreadjetivación. Como en este ejemplo:

Su maravilloso tacto… Su delicado brillo… Siempre dispuesto a convertir a la mujer que lo luce en un símbolo de belleza y estilo….

Así es el Abrigo XXXXXXX. El clásico más deseado y valorado, el rey del glamour y la elegancia, creado en exclusiva por el prestigioso diseñador italiano XXXXXXXX.

Cálido y seductor, con un largo muy favorecedor, un color visón muy fácil de combinar y un corte perfecto, el Abrigo XXXXXXXX es el aliado ideal de la elegancia: esa prenda intemporal que toda mujer sueña con poseer.

(…)

Diseño, calidad y elegancia en un clásico imprescindible para la mujer con estilo.

El redactor se ha dado por vencido en la batalla de acercar el producto al lector, de permitirle experimentar el tacto sedoso y la sensación de lucir un abrigo “casi” de visón y se ha perdido en adjetivos sin poder evocador y sustantivos adjetivadores sin sustancia: “maravilloso”, “delicado”, “siempre dispuesto” (?), “deseado y valorado” (dos veces), “diseño”, “calidad”, “elegancia”, “imprescindible”. Un mareo.

Describir es más difícil… pero mucho mejor

El usuario se fija en los objetos o los servicios por muchas razones. Una, de hecho muy importante, es su aspecto, su estética. Pero no necesitamos decir que es “bello”. Basta con mostrarlo.

Del mismo modo, nuestros textos deben mostrar el producto, servicio o asunto al que nos referimos. Y eso se hace describiendo. Es el único modo de que la imaginación del destinatario trabaje a nuestro favor.

Un ejemplo muy cotidiano: tenemos una aplicación web y lo primero que hacemos es endosarle el adjetivo “fácil”. No tiene nada de malo, pero tampoco nada de bueno: nos limitamos a pasar por alto un valor importante y adocenarlo con un adjetivo más manoseado que el diario del bar a las seis de la tarde.

Olvidamos que  nuestro producto es “fácil” por algún motivo: Webdesk escribe html5, css3 y javascript por ti. Y eso tiene un valor para el usuario: Hemos encontrado el modo de facilitarte el trabajo mecánico para que desarrolles tu creatividad.

Sí. Es más largo, pero describe el producto. Y sus ventajas reales.

Entonces, ¿debemos prescindir de los adjetivos?

Tampoco. Solo debemos elegirlos bien. Por ejemplo, está bien decir que un coche es “ahorrativo” (es un adjetivo con gran poder de descripción en este caso: el coche consume poco y gasta poco en taller). O que un ordenador está “diseñado para jugones” (los jugones entenderán).

Pero adjetivos, los justos: aquellos que aportan realmente valor al nombre. Y os dejo hoy con otro texto de Julio Camba (¿Os habéis fijado lo bien que escribe el jodío?, muy adecuado para los propósitos de nuestro oficio:

En Londres vi hace años una camisería donde, colgadas de una barra metálica a la altura del espectador, había cientos de corbatas divididas en varias secciones. Good Silk ¡buena Seda!. Tres chelines con seis peniques”, decía en la primera sec­ción. “Beautiful silk ¡hermosa seda! Cinco chelines”, decía en la segunda. “Best quality silk ¡seda de la mejor calidad! Siete chelines”, decía en la tercera. Y, por último, sobre la cuarta y postrera “Silk (Seda). Una libra y doce chelines”

Pues ahí queda eso.

Foto cortesía de: https://lifeofpix.com

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